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A lo largo de una miríada de costas y climas, un viaje de isla en isla revela playas intactas, una rica historia y una vibrante vida silvestre.

Great Barrier Island (Auckland)
A 30 minutos de vuelo de Auckland, Great Barrier Island se encuentra a un mundo de distancia de la ciudad más grande de Nueva Zelanda. La isla de 285 kilómetros cuadrados tiene una población relativamente pequeña (cerca de mil personas), emplea generador y energía solar y no ofrece cajeros automáticos. Lo que le falta, sin embargo, la isla lo compensa con su belleza natural, ecolodges de lujo, playas de surf espectaculares, excelentes senderos para caminar y un santuario de cielo oscuro que parece de otro planeta.

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Urupukapuka (Bay of Islands)
Con 144 islas en un escenario subtropical, 3 horas al norte de Auckland, la apropiadamente llamada Bay of Islands es amada por navegantes y marineros. Pero no necesitas tu propia embarcación para llegar a la mayor isla del grupo, Urupukapuka: un ferry puede transportarte rápidamente desde el continente a un lugar conocido por playas inmaculadas y una impresionante población de aves nativas, como el dotterel.

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Kapiti Island (Wellington)
Kapiti Island es el paraíso para un observador de pájaros, hogar de un gran número de especies de aves amenazadas y nativas, incluyendo takahēkōkakopätekethiekemiromiroweka y toutouwai. Reserva una estancia en el lodge de la isla a través de una operadora licenciada, como Kapiti Island Nature Tours, y usted podrá encontrar el ave nocturna más famosa del país: el kiwi.

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Mokoia Island (Rotorua)
Con solo 1,35 kilómetros cuadrados, la isla de Mokoia, en el lago Rotorua, puede no parecer muy grande. Pero es en realidad una cúpula de lava riolítica que se eleva a 180 metros sobre la superficie del lago. Como el pueblo Māori la considera sagrada, su acceso está limitado a pequeños grupos de paseo en barco. Además de la observación de pájaros y de senderos en la selva, los visitantes pueden bucear en la famosa piscina climatizada Hinemoa’s Bath.

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Mou Waho Island (Wanaka)

Se ha descrito esta isla como una “isla en un lago en una isla en un lago en una isla”, que es otra manera de decir que Mou Waho, situada en Lake Wanaka, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, tiene su propio lago (llamado Arethusa Pool) con una isla dentro. Pasa un día a solas explorando los senderos y cascadas de esta isla de 140 hectáreas, manteniendo los ojos abiertos para las aves weka (incluyendo la weka amarilla, extinta en el continente desde 1920).

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Ayer fue un día difícil de olvidar, lleno de divertidas e inesperadas sorpresas. Ayer fue un día verde. Verde clorofila, verde paisaje, verde que te quiero verde, verte en A Casa Verde. En estas dos últimas etapas confluyen más peregrinos y el Camino se llena de vida, de historias, anécdotas,… Hoy es un día de sentimientos enfrentados. Por un lado, estamos a punto de finalizar nuestro Camino como grandes campeones, que es lo que somos… Por otro lado, nos despedimos de toda esta fabulosas pero corta aventura. Echaremos de menos el barro, el cansancio, la boca seca, agujetas, dolor, hambre (que en verdad no pasamos..), las subidas interminables y bajadas rompepiernas, el olor a moñiga de vaca, las rarezas de algún coreano,.. También echaremos de menos los bellos paisajes, los pinchos de tortilla, los descansos en las aldeas, los bocatas de tortilla, los peregrinos molones, la tortilla poco hecha por dentro, los heroicos finales de etapa, la tortilla con pimientos, animales, pastores,..

¡Oh, no puede ser! ¡Está lloviendo! ¡Cáspita!

Pues si, otra vez. No podíamos terminar nuestra aventura de otra forma que con una lluvia burlona sobre nuestras siempre encapuchadas cabezas saturadas de agua. Cuando abandonemos estas tierras, lucirá un bonito y sonriente sol que entre carcajadas cantará; !danzad malditos, danzad¡.

Partimos después de desayunar y buscamos una salida del pueblo que no encontramos. A ver, obviamente el pueblo tiene varias salidas pero no es fácil averiguar cual es la correcta para llegar a Santiago. No está muy bien indicado. Una señora mayor nos pregunta y acompaña desesperada en busca del camino correcto. Otro peregrino nos indica que debemos llegar hasta el pabellón mientras su mirada se pierde varios bancales más allá del infinito, lo cual no es panacea de garantía,.. La señora, con su impermeable y capucha empapadas, frunce el ceño, abre las aletas de la nariz y levantando el bastón en horizontal formando pequeños círculos, sentencia;

– ‘Les voy a mandar un parte al Ayuntamiento’.

Un escalofrío recorre nuestro cuerpo. No sabemos muy bien de que tipo de trámite se trata ni cuando va a llevar a cabo sus amenazas pero decidimos echar humo de allí por si se arranca a repartir bastonazos.

Penetramos en el bosque a una velocidad de mil demonios. Al afán de conseguir nuestro objetivo final se une la maldita lluvia que poco a poco se va intensificando. Vamos pasando peregrinos que observan de reojo nuestro adelantamiento. ¡Ya os pillaremos, ya.. esto es mu largo!. Sus ojos semicerrados por la fina lámina de agua que se forma en sus pestañas y sus mejillas coloradas de la humedad y el cansancio. Cruzamos aldeas y albergues prácticamente sin detenernos. No se trata de un ¡tonto el último!, no.. La etapa empieza a tornarse muy incómoda. La parte exterior de mi pie derecho a decidido unirse a la fiesta y de qué forma. Me duele de tal manera que tenemos que sentarnos en un banco de piedra bajo la marquesina de una casa para protegernos del diluvio. En general, no hay muchas marquesinas en el Camino. Bajo un diluvio universal aprendes a sintetizar este tipo de información. Confirmado. Estamos ante los momentos más duros de nuestro Camino apenas a unos kilómetros de la meta.

De nuevo adelantamos, bajo el incesante aguacero, a un invidente con su guía. Para quitarse el sombrero…

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Paramos a fotografiar a un gato guardés que permanece inmóvil pero desafiante bajo la lluvia, protegiendo una transgresora instalación de arte contemporáneo llamada ‘chancla y cajetilla de tabaco apoyados en posible mitad de casa para pájaros’.

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Atravesamos un curioso tramo que bordea el aeropuerto de Santiago y en el que los aviones despegan y aterrizan sobrevolando en perpendicular apenas a unos metros de nuestros flequillos como en ‘con la muerte en los talones’. Así es como tenemos los talones, más muertos que vivos. ¿Qué estarán pensando de nosotros aquellos ocupantes del avión desde sus asientos calentitos, con sus auriculares y sus revistas..?

Tras girar una curva observamos a lo lejos de una gran recta, escondida entre la neblina y la lluvia, una subida de pendiente estratosférica con un fondo de color a caballo entre gris dolor, gris miedo y gris ‘tinieblas de la noche’, que junto al cansancio y el factor meteorológico, hace que nos preguntemos en silencio todos los peregrinos allí presentes, con los ojos abiertos como platos;

¿Eso está ahí de verdad?

¿Quién va a mandar un parte sobre esto al Ayuntamiento?

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Llegamos a Monte Do Gozo que hoy de Do Gozo tiene más bien poco. Lo atravesamos rápidamente sin poder disfrutar de las vistas y la parada que se merece. Estamos llegando a nuestro destino de forma épica. Está siendo realmente duro.

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Desconcertados, desconocemos la distancia que queda para llegar a Santiago, así que accedemos al primer bar por el que cruzamos para secarnos un poco. Nos recibe, en un cuadro grandísimo, con unos camareros orgullosísimos, unos clientes fidelísimos y una tortilla españolísima, el mismísimo Generalísimo, cuya inquietante mirada se clava en nuestro aspecto guarrísimo.

No sabemos dónde estamos exactamente. Sólo sabemos que estamos cansados y tenemos ganas llegar así que salimos de allí apretando mandíbula y puños e hinchando de aire nuestros pulmones en un alarde de fuerza. Cincuenta metros después un cartel indica;

Santiago de Compostela.

Entramos en el último tramo del Camino. Se trata de atravesar toda la parte nueva de la ciudad para finalmente entrar en la parte antigua donde nos espera impaciente la Plaza del Obradoiro.

Recorriendo la parte nueva encontramos casualmente al grupo de peregrinos en el que están Stella, Manu y Alicia. También hemos conocido a Nacho y varias chicas más. Sigue coleando el caso Stella-Manu. En el aire sigue flotando aquella intensa frase, aquella pinturera copla del Camino;

‘Me regalo una rosa, dos besos por mejilla y se fue’.

En nuestra humilde opinión, sin querer levantar innecesarias polémicas y con la intención de convertir el caso en las redes sociales en un apacible remanso de paz y descanso, somos partidarios de la siguiente teoría;

Manu y su grupo abandonaron a Stella y Stella abandonó a Manu y a su grupo.

Ahí queda eso..

Todo el grupo de españoles iniciamos nuestra llegada triunfal a la parte antigua de Santiago prácticamente corriendo sobre el pavimento mojado de piedra que delinea sus laberínticas callejuelas. Ansiosos por llegar, vemos, como un espejismo, la Plaza detrás de cada curva.

¡Ya estamos llegando! ¡Es al girar la curva!

Una curva, luego otra y otra. La Plaza que no aparece…

Ahora si. Llegamos a la última recta. Se trata de una bajada que cruza un arco debajo del cual un gaitero recibe a los peregrinos con su continuo hilo musical anunciando el final del Camino. Nota: después comprobé que siempre hay algún gaitero. Hay hasta tres que se turnan, pero mucho cuidado con uno de ellos, el que va perfectamente caracterizado. Si te propones fotografiar ese fascinante momento prescindiendo de una propina, el mismo te propinará un bonito recuerdo de su gaita sobre tu cabeza.

!Hemos llegado¡

La llegada a la Plaza del Obradoiro se convierte en un momento inmortal. Algo que nunca se olvida. Un recuerdo único de un duro reto completado. Una aventura. La entrada ha sido épica y legendaria. Entramos en grupo, unos cantando, otros riendo, otros con su palo selfie por delante transmitiendo en directo. Santiago fliparía. Todos orgullosos y felices, cubiertos por nuestros impermeables chorreando, con nuestras mejillas coloradas y con una mezcla entre euforia y desfallecimiento bajo una intensa lluvia impasible a nuestra llegada. Lluvia que nos hace enormes sin saberlo. Lluvia que nos hizo grandes a los pocos peregrinos que allí aquel día, con todas nuestras costuras inundadas de encharcados kilómetros de agua y cansancio, alguien capturó en una instantánea, en el centro de la Plaza, estallando de felicidad con esas personas.. las que más queremos. Ese momento que nos hizo enormes.

Muchísimas gracias por leernos..
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