Viaje a Murcia y Granada, enero 2016

El año empezó con un viajito, y no va a ser el único ;)

A parte de algún regalillo de reyes, llegó a mí la noticia de irme un finde a Murcia y Granada.

Así fue como el viernes 8 de enero pusimos rumbo a Murcia. La primera parada, hacia las 10 de la mañana, fue en Río Frío, es famoso por tener un importante criadero de truchas y esturiones. Desayunamos con vistas y nos dimos un paseito entre árboles, cisnes dormidos y un riachuelo algo ruidoso.

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Tras el buen desayuno andalú que nos pegamos, nos despedimos de Riofrío y pusimos rumbo a nuestro destino. Entre conversaciones, risas, opiniones políticas, deportes, estudios, trabajo y buena música el camino se iba acabando.

Casi sin darnos cuenta llegamos al hotel…

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Águilas se llamaba el pueblo. El sitio era precioso, primera linea de playa a orillas del Mediterráneo y un tiempo que parecía primavera, mucho güiri, y unas vistas… oooh. Así que en cuanto me dieron la llave de la habitación, me cambié de ropa, cámara en mano … a disfrutar!

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He de reconocer que, aunque sueñe con volver a vivir en Madrid, me encanta pasear por la playa. Esos momentos de soledad, donde solo estoy yo, mi cámara y el paisaje… impagable!

Fue un paseo corto, ya que era una primera toma de contacto mientras el personal se preparaba para comer en el buffet.

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Tras este paseito, volví al hotel, entré al baño y me lavé las manos y de cabeza al buffet. Mientras comía, pregunté si el castillo podía visitarse y me dijeron que había que ir antes de las 6. En mi cabeza resonó un “Chalenge Accepted”, era un camino largo y una subida pronunciada. No podía permitir estar allí y no visitarlo.

Y así fue, tras descansar un poco, pusimos rumbo al castillo.

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Lo gracioso de la anécdota es que el castillo cerraba a las 6 de la tarde y llegamos a menos 5, tras 30-40 minutos andando.

Una vez arriba de la montaña, vi que el esfuerzo de subir aquella pendiente había merecido la pena. Me habría hecho falta una bombona de oxígeno, un taxi, o un jet, pero estuvo muy guay la subida.

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Para una amante de la fotografía de paisajes y naturaleza como yo, era una ocasión única. Y creo que la aproveché como mejor pude.

Una vez visitado el castillo, se trataba de una fortaleza militar del S. 18, bajamos todo el camino de vuelta. En vez de ir en dirección al hotel, seguimos explorando la ciudad.

Llegamos hacia la otra bahía que daba a un puerto pesquero con un faro muy carismático. La escena parecía sacada de un cuento.

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El paseo continuó hasta una plaza en la que había árboles centenarios, fue allí donde decidimos descansar y nos tomarnos algo fresquito.

Al emprender el camino de vuelta al hotel, entramos en un museo arqueológico de monedas. No permitían hacer fotos, pero grabé la historia de la moneda en España. Desde los comienzos hasta la actualidad. Me sorprendí mucho al ver que algunas de ellas estaban en mi colección. Esta como una niña dando vueltas y reconociéndolas una a una.

Acabé el día molida, entre la caminata y las emociones.

Amanecía un nuevo día lleno de oportunidades, la mañana fue muy relajada, pero al almorzar empezaron los planes. Primero fuimos a un acuario de peces tropicales donde encontré a Nemo, después al museo del ferrocarril y ya de vuelta al hotel otro paseito por la bahía.

 

Una vez en la habitación, tocaba ducha, adecentarse un poco y bajar a cenar que después había discoteca.
No recuerdo exactamente a qué hora me acosté, pero casi las 3 seguro que era. Tras una copa, me fui a la cama que tocaba madrugón.

Tras unas cuantas horas en carretera, por fin estábamos en Granada.

Cada vez que voy, más bonita la veo.

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Con estas inmejorables vistas, y tras comprar diferentes regalitos, decidimos hacer una mini-parada para hidratarnos un poco.

Una vez bien hidratados, nos fuimos a un bar especializado en comida gallega. Nos atendieron muy muy bien y la comida estaba exquisita.

La merienda la hicimos en una cafetería especializada en piononos (dulce típico de Granada), cerca de la avenida Reyes Católicos.

Desgraciadamente poníamos rumbo de vuelta a Cádiz, llegando a casa de noche y al día siguiente tocaba ir a clases. Digo tocaba, ya me entendéis…

¡Gracias mapachitos!

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