GRACIAS 


Aún recuerdo cuando conocimos a Marcos en un acto organizado por la Fundación Vicente Ferrer con motivo del veinticinco aniversario de Alimerka, allá por abril de 2016.

Presentaban los proyectos de la Fundación y explicaban la colaboración de Alimerka y la posibilidad de que los socios donaran a la Fundación los cheques regalo que se almacenaban en sus tarjetas de fidelidad.

De esos pequeños gestos que aportan un granito de arena y ayudan a concienciar a la gente de que todos vivimos en el mismo mundo y debemos ayudarnos unos a otros.
En ese acto tuvimos la suerte también de conocer a Lancy Dodem, el primer niño apadrinado de Vicente Ferrer. 

Él nos contó todo lo que la Fundación y Vicente habían hecho porque tuviera un futuro.

Y se hizo realidad.

Pudimos hacerle un montón de preguntas e incluso saludarle tranquilamente y charlar con él.

Fue increíble.

Hacía muchos años que conocía la Fundación y me interesaba mucho su trabajo y la gran labor que hacían en India, pero nunca había colaborado con ellos en concreto.

Así que en 2015 decidí regalarle a Noel un apadrinamiento en la Fundación, por su cumpleaños.

Me parecía algo inolvidable y que nos involucraba de lleno en la causa.

Así llegó Sudhappa a nuestras vidas.

Y desde entonces, leer las cartas que nos enviaban desde la Fundación el coordinador de su zona contándonos su vida, o sus dibujos, me hacían derramar lágrimas y sentir que la felicidad estaba en esos pequeños detalles, que a veces olvidamos.
Cuando dije que queríamos saber más, involucrarnos, hacer algo, me dijeron que hablara con Marcos.

¡Y allá fuimos!
Desde el primer momento fue muy atento con nosotros, súper cercano e implicado.

Y nos contó un montón de cosas con una ilusión y un brillo en los ojos que emocionaba.

Me pareció fascinante.

Todo lo que nos transmitió fueron buenas sensaciones, buenos recuerdos y unas vivencias sin igual.

Y quedamos en estar en contacto, para hablar con más calma y para que pudiera aconsejarnos

Esa misma semana venía a Gijón Fran Ventura, a presentar sus “14.000 kilómetros, el camino de Anantapur”.

Fran Ventura es un realizador de TVE y RTVE, que ha dirigido un sinfín de proyectos y ha sido responsable de formación, que decidió recorrer los 14.000 kilómetros que separan su Madrid natal de Anantapur, en bicicleta. 

Tardó 7 meses. Y todo está explicado en la película documental que presentó en Gijón con ese título.

Os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo.
Fue también muy emocionante poder ver una parte de sus aventuras y que él mismo nos lo contara en la presentación.

En su periplo, Fran recaudó dinero para llevarles a Anantapur 100 bicicletas para las niñas, para que pudieran recorrer el trayecto hasta sus escuelas.

Su llegada a la Fundación me hizo llorar de emoción.

El recibimiento, la entrega de las bicicletas y el agradecimiento de las niñas… Me llegó al alma.
Tuvimos también la oportunidad de charlar con Fran, de felicitarle por su valentía y su gran labor y de expresarle nuestra admiración.

Nos acompañaban aquel día mi padre y Julitín, mi amiga, que conocía a Marcos por temas de la Fundación y porque había organizado una exposición en una galería en la que trabajó hace unos años, que tampoco me perdí, y a la que vino Moncho Ferrer, el hijo de Vicente y Anna.

Y, como no, allí volvimos a coincidir con Marcos y su familia.

Conocimos a Rocío, su mujer y a Jairo y Cristian, sus hijos.

Son gente de otra pasta.

Con una sensibilidad poco convencional y que ven la vida de otra forma.

Ven lo que de verdad importa.
Queríamos ir a la India.

¿Pero cuándo?

Siempre por una cosa u otra posponemos lo realmente importante en la vida, o no encontramos tiempo para hacerlo, o directamente, nos ponemos excusas.

A veces es mejor mirar para otro lado. 

Pero si eres capaz de afrontar la realidad y de verlo, de saber lo duro que es, al final la recompensa merece la pena.

Así, este año Noel me sorprendió por mi cumpleaños con un vídeo que me hizo llorar de emoción y de felicidad. “¡Nos vamos a la India!” rezaba al final.

Y no pude contener las lágrimas.

Pero eso él ya lo sabía.

Iba a hacer realidad mi sueño.

Con la complicidad de Marcos y Julitín, habían elaborado una especie de itinerario, aunque aún no teníamos fecha, porque también dependíamos de él.

Mi madre, muy cuca ella, tampoco me había dicho nada.

Pero bueno, era de esperar.

Supieron guardar el secreto.

Cuando nos pusimos manos a la obra con fechas y definición de itinerario, sacamos los billetes.

Ya no había marcha atrás.
Empezaríamos por Delhi y un tour por el Rajasthan, para continuar con Bombay, donde yo quería visitar Sonrisas de Bombay, la ONG de Jaume Sanllorente y finalizaríamos en Anantapur, para pasar unos días visitando los proyectos y conoceríamos en persona a Sudhappa.

Un mes en total.

Que para empezar, no estaba nada mal.
Hoy nos hemos despedido de India, con una pena que no me habría imaginado el día que vinimos y me abrazaba a mi madre llorando.

Siento que he dejado un trocito de mi corazón allí.

Me siento incompleta.
Todo lo que hemos vivido estos intensos días no se puede describir con palabras, es verdad.

Hay que vivirlo. Hay que sentirlo.
En la Fundación hemos vivido los días más felices e intensos, los más emocionantes, esos en los que hemos visto que un mundo mejor es posible si todos trabajamos en ello.

Hemos reído y llorado, hemos sufrido y visto esperanza, hemos deseado que se parara el tiempo y quedarnos allí un mes más. 

Nos llevamos la sonrisa de Sudhappa grabada a fuego en el corazón, y su intensa mirada. 

Igual que la de su hermano Jagan, a quien ha apadrinado mi madre, y que sueño con que venga a visitar muy pronto.

Y las sonrisas de todos los niños que gracias a la Fundación tienen esperanza de un futuro mejor, de acceso a la educación, a la sanidad, las miradas ilusionadas de esas niñas que realizan los típicos bailes tribales del lugar al que pertenecen, pero que luchan por su futuro.

Las posibilidades de los discapacitados, que se integran en la sociedad y aspiran a vivir con la dignidad que se le supone a todo ser humano.


Me llevo mucho amor.

Amor incondicional de quién te lo da todo, sin importarle nada más.

Me llevo el orgullo de haber estado presente en la inauguración de algunas de las casas de la Fundación y haber hecho los honores.

De haber podido hablar ante toda la comunidad para decirles que ellos son los verdaderos héroes y que son un ejemplo a seguir para nosotros.

De haberles podido dar las gracias por su hospitalidad y su enorme corazón.

Porque ellos, nos lo han enseñado todo.

Hoy el viaje toca a su fin…

Pero de algún modo siento que es solo el principio.

El principio de muchos. Y de una vida diferente
Marcos, gracias por tu ayuda desde el primer momento.

Por tu implicación, tu complicidad.

Gracias por tu energía, tu ilusión, por transmitirnos tanto con tus palabras.

Gracias por tu cariño y tu preocupación.

Gracias por llamar a mami e iros a tomar un cafetín juntos. ¡Eres increíble!

Gracias por tus consejos y tus profecías, aunque no nos hayan robado y yo haya bebido zumos de la calle.

Gracias por saberlo todo y dejarnos con la intriga.

Gracias por cada mensaje de aliento, por cada llamada, por cada empujón, por cada vez que al verte al otro lado de la pantalla del teléfono la sonrisa te iluminaba la cara.

Gracias por ser parte de nuestra familia, porque al final, eso también se elige.
Te queremos!

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