Odisea Irma: parte 3

Por Guadalupe Grando

(…)

El sábado a la mañana hubo una reunión con los vecinos del edificio. Ese día también hubo viento, pero dentro de los parámetros normales. Y Sofía recuerda: “Estaba hablando con mi amigo, y de repente hubo una ráfaga de viento muy fuerte y violenta (70 nudos). ¡Yo lo único que quería era filmar, y por fin ver que pasaba algo! Y mi amigo nos dijo que esa velocidad iba a ser similar a la que tuviera el huracán”. Eduardo, el papá piloto les seguía mandando audios para tranquilizarnos.

Ya iban tres días encerrados. Ese sábado siguieron cocinando. “Definitivamente no tenemos instinto de supervivencia porque todo lo que cocinamos lo comimos, ¡y no guardamos nada!”, recuerda entre risas la futura tía.

Sábado a la noche y ya no sabían que más hacer. Sofía hacía vivos en las redes sociales tranquilizando a todos en Argentina y mostrando la situación en la que estaban. El futuro padre, marido de María Paz, repetía a cada momento: “¿¡Cómo se van a quedar ahí?!”. Algunos familiares las retaban porque se quedaron en Miami. A las 21, del sábado, ya se sentía mucho viento entonces se quedaron en el pasillo del departamento, donde están los ascensores. No corría una gota de aire. En el departamento, si bien había muchas ventanas, no se escuchaba nada de ruido exterior. Y eso les sorprendió. María Paz se quedó dormida en un cuarto, al lado de la ventana. Laura también estaba adentro del departamento.

A las 22 hs, se cortó la luz. La dueña del departamento, a los gritos: “¡María Paaaaaaaaaaz! ¡Vamos! ¡A la escalera!”. Había encontrado una corneta del mundial y empezó a hacer ruido. Todos tranquilizándola a ella: era solo un apagón y tenían grupo electrógeno. María Paz dormidísima, ni se enteró. Laura la fue a despertar, y muy tranquilas subieron las escaleras. Polly subió tranquila, despacio.

Se fueron al pasillo del piso 5, donde había sillones, heladera y mesita, colocados por los vecinos de ese nivel. Pero como en principio no lo iban a usar, les ofrecieron quedarse si así lo deseaban. Fueron, se acostaron en el piso, y tres se quedaron dormidos. Sofía se despertó de repente a la 1 am, y la dueña del departamento y su novio no estaban. Laura estaba intranquila: por las ranuras de las puertas se sentía mucho ruido. Se quedaron ahí hasta las 5 am. Se sentía mucho el viento y la vibración de las paredes. Estaban muy incómodos, porque el espacio era muy reducido. A las 5 am, escucharon a alguien bajando por las escaleras y les pareció raro: era un vecino, que era médico (¡por suerte había un médico!). Se topó con Sofía y le preguntó si estaba en el pasillo por el huracán, y ella asintió. Y la miró extrañado: él estuvo durmiendo en su cama, al lado de la ventana, como si nada pasara. Bajaba porque ¡se estaba yendo al gimnasio!, que quedaba afuera del edificio. “Un idiota, menos mal que era el médico…”, reflexiona la futura tía. Al llegar a planta baja, se dio cuenta de lo inútil de su accionar (el huracán seguía su “baile”), y volvió.

Mientras tanto, el edificio estaba con el grupo electrógeno porque no había luz, pero no tenían ascensores (incluso los habían cortado mucho antes de que se cortara la luz). Tras enterarse de que el médico había dormido en su cama tranquilamente, entendieron que era estúpido permanecer ahí y volvieron al primer piso. En el pasillo estaba re tranquilo, no se escuchaba ruido ni nada. Y al entrar al departamento, estaba aún más silencioso. Permanecieron allí, siempre con la precaución de que si se levantaba más viento, se correrían del ventanal.

(continúa)

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