Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul

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Siempre que vuelvo a Estambul me viene a la mente la antigua  “Canción del pirata”. No me extraña que Espronceda situara a su bravo personaje ante las puertas de esta capital. Le imagino en su velero bergantín surcando el Mediterráneo. Entre refriegas y escaramuzas. Sacudiendo yugos. Henchido de tesoros, de mar y de libertad. También le veo contemplar al frente y rendirse ante el esplendor de la ciudad.

Me gusta Estambul. Es una ciudad amable, acogedora y exótica, cargada de olores, de sonidos, de contrastes y de color.

Hoy me he sentido un poco “pirata”. Hemos recorrido el Bósforo en barca. Hemos visto las mezquitas, los palacios y los minaretes que bordean la orilla, el puente que limita las dos culturas y el cuerno de Oro iluminado por la tenue luz del crepúsculo.

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