Los barquitos de Milán

El día dos de agosto de 2018 mi compañero y yo nos encontrábamos en el aeropuerto de Madrid Barajas con dos macutos, un billete de interrail y bastante incertidumbre a las espaldas.

Aunque habíamos preguntado en RENFE, leídas y releídas las instrucciones que nos mandaron con el pase de interrail, no sabíamos muy bien cómo funcionaba aquello. ¿Tendríamos que hacer cola todos los días para coger los trenes? ¿Entenderían en aquellos remotos pueblos de Hungría lo que era un pase de interrail? ¿Qué haríamos si la aplicación del móvil nos fallaba en medio de Serbia?

Con estas dudas recorriéndome la sesera subí a un avión que nos dejaría en Milán, desde donde en 13 días tendríamos que llegar a nuestro último destino: Bucarest. 13 días, 16 trenes, 6 países y 11 ciudades. Con la emoción también impregnándome el alma, me dejé llevar. De un modo u otro, llegaríamos.

Primera parada: Milán.

Nada más poner el pie en la ciudad italiana un calor aún más intenso que del que escapábamos en Madrid nos dio la bienvenida: ese sería el clima que nos aguardaría casi todo el viaje. Después de dejar nuestras cosas en el hostal, a una media hora del centro, emprendimos nuestra visita.

Como no tenía muchas esperanzas puestas en la ciudad, no me decepcionó, ni tampoco me entusiasmó. Era justo como esperaba, como la relataban las fotografías: calles anchas recorridas por tranvías, tiendas y, sobre todo, gente, mucha gente. La densidad de turistas se iba haciendo cada vez más palpable según te acercabas a su corazón: el Duomo di Milano.

Después de dar una vuelta por los sitios más transitados nos comimos un helado, por aquello de comprobar si la leyenda del gelato era cierta. Y vaya si lo era, pues a pesar de su precio -algo desorbitado en mi opinión- nunca había probado nata igual.

Con los estómagos felices -que no llenos- atravesamos por segunda vez la Galería Vittorio Emanuele II y salimos, esta vez, a la Piazza dello Sccala, lugar donde nos encontramos una pequeña manifestación. Un grupo de personas, algunas de las cuales, de color, se manifestaba en torno a la estatua de Leonardo Da Vinci, en el centro de la plaza. Las protestas giraban en torno a las recientes decisiones de su actual gobierno con respecto a la acogida de refugiados.

Unos chicos colgaban pancartas en el Palazzo Marino con lemas como “Mutuo soccorso e solidarieta. Difendiamoci dal razzismo” (Mutua ayuda y solidaridad. Nos defendemos contra el racismo) o “No gabbia in Italia. Come in Libia” (Ni jaula en Italia, ni en Libia). Mientras, más cerca de la estatua, una tela azul hacía las veces de mar y decenas de barquitos de papel se posaban sobre ella con mensajes de apoyo a los refugiados en diferentes idiomas, tales como “Ningún ser humano es ilegal”. Una mujer hablaba por un megáfono a escasos metros y algunas personas se arremolinaban en torno a ella.

IMG_5558

Pancarta colgada en la Piazza dello Scala. “Mutuo socorro y solidaridad. Defendámonos contra el racismo”. Foto: Eva Gruss

La tarde ya comenzaba a dar sus primeros síntomas de sueño, con los rayos del sol cayendo en picado a esconderse, cuando nosotros nos dirigimos al Castello Sforzesco. No pudimos entrar, pues ya estaba cerrado, pero a sus puertas una mujer cantaba acompañada de una guitarra. Nos tumbamos en el césped que rodeaba su entrada y nos dejamos caer varias veces colina abajo. Con la tranquilidad interrumpida por las picaduras de los mosquitos y el sol ya acostado, nos dirigimos a nuestro hostal.

Al día siguiente nos tocaba despertarnos, de nuevo, con el sol.

Datos prácticos

En lo que se refiere al interrail a mí me hubiera gustado que me explicaran bien, de antemano, su funcionamiento.

Cuando vas a subir a un tren tienes que rellenar los datos de tu billete: fecha, hora de salida y de donde a donde va, así como seleccionar si se trata de tren, autobús o barco. A la derecha del todo hay un último hueco en el que los revisores pondrán un sello o rellenarán a bolígrafo. Una vez rellenes esto (lo mejor es hacerlo día a día para no equivocarse) lo enseñas en el tren cuando pase el revisor y ya está. Ese es tu billete. Solo tendrás que hacer colas en taquillas cuando un tren requiera de reserva (y por tanto tendrás que efectuarla, pagando una pequeña cantidad).

image_6483441

A parte de rellenar esto, hay que ir rellenando el billete que va grapado también, donde solo es necesario poner la fecha del día (y si haces más de un viaje ese día, igualmente solo pones el día una vez). Igualmente, si te decides a hacer este viaje, hay que leer bien las instrucciones.

¿Cómo saber si un tren requiere reserva?: nosotros lo mirábamos todo a través de la aplicación Rail Planner Eurail. No requiere de datos y se pueden consultar todos los trayectos entre unas ciudades y otras. También sirve para ver los horarios y que trenes requieren de reserva.

En cuanto a Milán:

  • Moneda: Euro.
  • Es una ciudad quizás algo más cara que Madrid, pero no excesivamente.
  • Alojamiento: Affittacamere Scacco Matto. Es un hostal bastante alejado del centro (a una media hora caminando) y a 15 minutos de la estación de tren. Sale a 15 euros por cabeza en una habitación compartida con otras tres personas. En la habitación hacía mucho calor. Nosotros la encontramos en hostelbookers.
  • Recomiendo… tomar un helado y perderse por las calles más estrechas y menos transitadas.

Si tenéis alguna duda no dudéis en preguntar: @lashuellasdehermes.

EVA GRUSS

@LADYQUINZANO

Deja un comentario