Saudade de Domingo #96: Viajar y el dolce far niente

Uno de mis mayores sueños, de esos que se acarician por las noches antes de dormir y espera volver realidad, es subirme a un avión sólo con una mochila, llegar a una ciudad que conozca y simplemente dejar que las horas pasen. Caminar si quiero, entrar a un café si me da ganas, dormir el día entero porque lo necesito.

Normalmente entiendo los viajes como una carrera contra el tiempo en ese deseo voraz de verlo todo, probarlo todo, registrarlo todo. Hasta acá pareciera que entonces viajar para mí sería un “deber ser”, una obligación. Nada más alejado. Lo disfruto mucho y me mentalizo para vivir ese lugar desde sus arterias, aunque luego la energía de la ciudad me deje devastado.

Recientemente viajé a Quito casi de incógnito. Comenté con pocas personas que me iba para allá. Al principio el viaje tenía otro propósito pero por razones externas no pude cumplirlo, así que me quedé con el ticket de avión y un hotel reservado. Debía viajar aunque no quisiera.

Fue una de esas raras ocasiones en las que viajo sin ganas (las otras dos veces, casualmente también fueron a Quito) pero para esta nueva experiencia decidí traer mi sueño a la realidad. Conozco relativamente Quito, de modo que me apetecía más no hacer nada, dejar que las horas pasen y hacer algo que como comenté en otro post no suelo hacer cuando viajo: escribir.

IMG_8579Tres noches en Quito fueron suficientes para mirarme, escucharme en el silencio y conectarme con los personajes de una obra de teatro que estoy escribiendo. Sólo salí la mañana del segundo día para comprar provisiones, caminar un poco y volver a mi encierro. Al tercer día me vi con un amigo a tomar una cerveza y volví a mi encierro creativo. La verdad fue maravilloso dormir, escribir, salir un poco, volver y seguir escribiendo. Tenía la sensación de estar en mi propia película y sólo salía a la ciudad para tomar aire. Aunque estaba solo físicamente, tenía a todo un ramillete de personajes a mi alrededor que se iban dibujando en la pantalla mientras me mostraban el camino de su historia. A veces esto puede asustar un poco, pero cuando me pasa, recuerdo las palabras de una amiga actriz a propósito de la creación de un personaje: “A veces no es mucho lo que tienes que hacer, debes aflojar y dejar que la magia haga su trabajo de creación. El problema es que a veces asusta, pones resistencia y todo se diluye”.

Qué sabias sus palabras y tan oportunas. Me han servido cuando he tenido que enfrentarme a un proceso creativo complejo y en Quito las recordé con cariño. Dejé que las cosas fluyan mientras tenía al paisaje andino como guardián de mis pensamientos. Las páginas fueron pasando, fui tomando apuntes para recordar acontecimientos que escribiría después, fui seleccionando palabras, entonaciones para cada personaje.

Regresé con la satisfacción de haberme aproximado un poco a ese viaje de desconexión o más bien de mucha conexión conmigo, sumergiéndome en las aguas de mi propio ser. Es otro tipo de viaje que espero repetir pronto, así sin más, de un momento a otro, para darme un encerrón conmigo mismo.

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